Ciudad Guayana.- La dislexia es un problema de aprendizaje relacionado con el lenguaje que afecta la capacidad de leer y escribir correctamente. Esta afección hace que niños y adultos tengan dificultad para asociar símbolos escritos (como letras y palabras) con sus correspondientes sonidos. Éste es un trastorno cerebral que puede manifestarse en personas muy inteligentes.
Quienes padecen este trastorno le cuesta realizar con éxito las actividades donde es necesario aplicar varias habilidades (ejemplo, redacciones en las que ha de prestar atención a la ortografía, signos de puntuación, organización de ideas...).
La dislexia no se manifiesta de la misma manera ni con la misma intensidad en cada niño. Por lo tanto, la recuperación estará determinada por las características de cada persona y por el medio familiar y escolar al que pertenece. Lo que está claro es que la base de una buena recuperación es la detección precoz, antes de que el niño viva la experiencia del fracaso.
Se transmite genéticamente (requiere de antecedentes familiares) y suele darse más en los niños que en las niñas. Para diferenciarla de otros trastornos, esta dificultad debe existir desde el inicio del aprendizaje de la lectura y escritura.
Se manifiesta en sujetos con una inteligencia normal e incluso superior, sin daños neurológicos o físicos evidentes, que no tienen problemas emocionales ni sociales, no viven en un medio social-económico-cultural desfavorable ni tampoco están sometidos a procesos de aprendizaje inapropiados.
De forma excluyente se puede separar la dislexia adquirida (por un traumatismo o lesión cerebral) de una dislexia evolutiva o de desarrollo (por déficits madurativos). En el primer caso, el sujeto no puede leer y escribir sin fallos, mientras que en el segundo caso el sujeto tiene dificultad para empezar a aprender a leer y escribir por primera vez.
Critchley y Critchley (1978), analizando la diferencia entre la dislexia adquirida y la evolutiva, afirman que la evolutiva o de desarrollo se manifiesta a consecuencia de un defecto de maduración específico y, de ahí, que al programar una ayuda adecuada desde los primeros momentos, se pueda mejorar y corregir.
¿A qué se debe?
Desde el punto de vista neurológico se ha tratado de estudiar la relación entre la dominancia cerebral y la lateralidad y los errores de los sujetos disléxicos.
En un primer momento, se sostuvo que los disléxicos carecen de dominio hemisférico para el lenguaje. Tanto los disléxicos como los que no lo son, presentan una especialización del hemisferio izquierdo para el procesamiento lingüístico, pero los disléxicos tienen una tasa de procesamiento inferior.
También puede considerarse que el síndrome disléxico podía ser la manifestación de una representación bilateral del procesamiento espacial, que considerada habitualmente como una función hemisférica derecha, interfiere con el procesamiento de las funciones lingüísticas por el hemisferio izquierdo.
En definitiva, los disléxicos presentarían un funcionamiento deficitario del hemisferio derecho.
Por otro lado, la incorporación de la psicología al estudio de este trastorno ha sido de gran ayuda para conocer, en el caso de las adquiridas, qué proceso concreto está deteriorado o implicado en una determinada conducta, y para identificar perturbaciones concretas en las funciones de lectura, deletreo y ortografía, en las evolutivas.
Historia detrás del flagelo
La primera descripción de un caso de dislexia data del año 1877 por Kussmaul quien describió el caso de un paciente que había perdido su capacidad de leer (Dislexia adquirida) y lo denominó ceguera verbal (caecitas syllabaris et verbalis), el primer caso publicado en la literatura científica de un caso de dislexia evolutiva se lo otorga a Pringle Morgan: A case of congenital word blindness.
La verdad es que a Pringle Morgan sólo le faltó ponerle el nombre de dislexia, término que debemos al oftalmólogo alemán Rudolf Berlin: Über Dyslexie (Archiv fur Psychiatrie 1884, vol. 15, 276-278) que la había descrito unos años antes. Sin embargo, la descripción de Pringle Morgan es tan sustanciosa que no hemos dudado en reproducir aquí algunos fragmentos de dicho artículo.
Detección
La mayoría de los niños en edad preescolar empiezan por reconocer letras y números, y poco a poco van recordando los sonidos asociados con cada letra. Entre los 6 y los 7 años, están preparados para pronunciar palabras y comenzar a leer libros simples.
Algunos de los síntomas de dislexia en los niños en edad preescolar son: dificultad para escribir, problemas para aprender letras y números, problemas con las rimas, dificultad para leer y escribir su nombre, dificultad para articular o pronunciar palabras y problemas para recordar palabras. La dislexia generalmente se diagnostica cuando un/a niño/a está en la escuela elemental, pero en algunos casos se detecta más tarde, cuando la lectocomprensión y la gramática cobran más importancia en el plan de estudios.
Los niños más grandes pueden leer y deletrear a un nivel inferior al de su grado, pueden tener dificultad con las matemáticas (especialmente problemas con las palabras) o puede costarles leer y escribir. Es muy posible que los docentes detecten los síntomas de dislexia antes de que los padres lo hagan. El trastorno se diagnostica mediante una evaluación realizada por un especialista en lectura o educación, o por un psicólogo escolar, generalmente contratado por el sistema escolar.
Se puede aprender
El niño con dislexia es capaz de aprender a leer, pero lo hará de una manera diferente, con un método distinto y un tratamiento especial, dándole estrategias y técnicas para enfrentarse a sus dificultades de lecto-escritura, enseñándole diferentes habilidades que le ayuden a comprender y memorizar los textos leídos.
Es importante que los padres que tengan un hijo con dislexia se pongan en manos de un profesional para que les pueda orientar de la mejor manera de ayudar a su hijo.