JUAN ANDRÉS MEJÍA
Sin duda alguna, la Venezuela del siglo XXI no es el país con el que muchos soñamos. Malos servicios, problemas de viviendas, autopistas en pésimo estado y la inseguridad no tiene límites. Ante ese escenario, muchos se preguntan ¿cómo es posible que el chavismo siga siendo popular?
Para tratar de calmar la consciencia y buscar una explicación se formulan diversas teorías. Una de ellas niega esta realidad y explica que la razón de ser del resultado electoral reside en la “trampa” que se produce en estos lugares. Sin ánimos de defender el sistema electoral, esta justificación pareciera no ser determinante, y en los últimos años hemos sido capaces de ganar en lugares donde hasta hace poco era imposible (Por ejemplo el Estado Sucre).
Otra de las explicaciones que ofrecen algunas personas es mucho más infeliz, y se basa en que quienes viven en estos lugares son ignorantes, y su “condición” permite que sean fácilmente manipulados. Esta justificación determinista e ignorante en sí misma, se ve contradicha con la victoria de Carlos Ocariz en Petare en el 2008, donde a pesar de la “regaladera” sin límite por parte del oficialismo la gente votó conscientemente.
Entonces nos volvemos a preguntar: ¿por qué sigue ganando el oficialismo si el país está tan mal? Una respuesta lógica pudiera ser que las cosas no están tan mal como pensamos. Es cierto que la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos ha empeorado significativamente en estos últimos 12 años, pero también es cierto que las condiciones previas a este gobierno no eran buenas.
No cabe duda de que el oficialismo ha sido más ineficiente que cualquier otro gobierno. Pero han sabido ofrecer algo que la oposición, hasta ahora, no ha podido: esperanza. Quién puede negar que Chávez “le para” a los más pobres, que les habla, que los busca. No ofrece mayores soluciones, pero cuando no se tiene nada, la esperanza vale oro.
Sabemos que se trata de una gran mentira, promesas que se quedan en promesas y no se convierten en realidades. Pero el reto de la alternativa democrática está ahí, es en romper la barrera de la desconfianza, es en romper la barrera de la incredulidad y hacer soñar a todos los venezolanos, en especial a los más pobres, de que merecemos un país de paz, bienestar y progreso. Esto no se logra desde la televisión, debemos llegar a cada pueblo y cada barrio con nuestro mensaje; ver a la gente a los ojos y hablarles con la verdad, hacerlos soñar nuevamente.
Estoy convencido de que en el próximo gobierno, encabezado por Henrique Capriles Radonski, lograremos que esos millones de sueños se conviertan en millones de realidades.
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