Santa Elena de Uairén.- Siete años después del allanamiento del galpón ubicado en su jurisdicción, los habitantes de la comunidad indígena de Pei Merú insisten en recuperar el inmueble y en darle un uso que repercuta en beneficio del colectivo.
Se trata de una edificación que, a finales de 2004, fue intervenida por una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y en donde se incautaron 280 toneladas de úrea, un producto empleado en el procesamiento de la hoja de coca del cual resulta la cocaína y como fertilizante. No obstante, al ser esta una zona no agrícola –en las inmediaciones del Parque Nacional Canaima y otras áreas protegidas- no se requiere de este tipo de químicos.
Ese hallazgo condujo –en última instancia- a Walid Makled, procesado por tráfico ilícito de sustancias estupefacientes y psicotrópicas, legitimación de capitales, asociación para delinquir y sicariato en grado de determinador. Mientras tanto, a pesar de la presión de algunos voceros -Antonio Girón, del Consejo Comunal de Brisas del Uairén, propuso efectuar ayer su toma y uso como depósito de Mercal- el galpón permanece bajo la tutela de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA) y bajo el resguardo de GNB.
Descartan la toma
Agapito Casado, capitán de la comunidad indígena de Pei Merú, lleva una carpeta con todo el historial del galpón que colocó a esa pequeña comunidad pemón en la mira pública.
La edificación -de 17 metros de profundidad por 12 metros de frente- fue construida por Roberto Matos en un terreno por el cual pagó, a mediados de los años 90, 1 millón de bolívares al entonces capitán, Pablo Casado, suegro y tío del actual.
Contraviniendo su compromiso, Matos nunca empleó a los habitantes de la comunidad y finalmente se lo alquiló “a un colombiano”. “Llegaba gente, pero lo mantenían cerrado. Nosotros no sabíamos nada”, recordó Agapito Casado.
Para el momento del procedimiento judicial, el galpón pertenecía a Matos, quien posteriormente lo vendió a “un turco” (según el documento a Bassim Yazda Chagín), a quien nunca han visto por la comunidad.
El año pasado, el capitán le hizo llegar un acta al propio presidente de la ONA, general Nestor Luis Reverol, solicitándole la entrega del galpón.
Hace varios días, se presentó al sitio una cuadrilla de hombres, con la intención de limpiar los alrededores de la obra. Casado contó que los abordó y que uno de ellos le dijo que “el dueño viene, él está en Caracas y viene con los materiales”.
“Ahora, yo, como capitán personalmente no confío en nadie. La preocupación que yo tengo es que vayan a meter drogas ahí (…) Me preocupa que sigan trayendo cosas para involucrarnos a nosotros”, dijo.
“Nosotros lo que queremos es recuperar ese galpón, pero por la vía legal. Eso sirve para todo: para casa comunal, para educación porque por aquí viene mucha gente que quiere dar talleres, para reuniones, para Mercal también sirve, pero que eso sea manejado por la comunidad”.
Casado descartó la toma convocada por Antonio Girón el lunes pasado, con la idea de llevarla a cabo ayer miércoles e incluso hizo un llamado al resto de las comunidades pemón para que esperen por el pronunciamiento de las autoridades.
Tutelado y resguardado
Gonzalo Ramírez, comisionado municipal de la ONA, dijo que el galpón –efectivamente- está bajo la “tulela” de la ONA que va a decidir qué hacer y bajo el resguardo de la GNB.
Ramírez no tiene conocimiento con respecto al trámite impulsado por la comunidad de Pei Merú porque el capitán manejó eso “directamente por allá, por Caracas”
“La ONA puede tener eso indefinidamente, dijo, no existen límites” y, mientras tanto, sí ahí llega a entrar alguien, aun cuando sea una comunidad organizada, la GNB tiene la obligación de desalojarlo. Además, Ramírez dejó claro que su empleo siempre va a ser “para un bien común”.
El Salto
Pei Merú es una comunidad formada por el señor Pablo Casado, natural de Manak Krü, la comunidad aledaña a Santa Elena, a finales de los años 40.
Los Casado se quedaron ahí por la abundancia de caza y pesca y ahí permanecieron sus descendientes, a pesar de que “ahorita no se ve nada, por qué se fueron (los animales) no sé”.
Pei Merú, un vocablo pemón que se traduce como “el salto de las tortugas” o simplemente “el salto”, se encuentra sobre la Troncal 10, a dos kilómetros de Santa Elena y a 13 del cruce hacia Brasil.
Hoy en día, esta comunidad está integrada por 30 familias indígenas y siete criollas, alrededor de 117 habitantes.