El adulto mayor experimenta cambios biológicos naturales, que exigen aportes nutricionales específicos para disminuir el riesgo de desnutrición y de otros inconvenientes de salud propios de la edad, derivados de fallas en la alimentación.
Según datos del Centro Latinoamericano de Demografía (Celade), la población de 60 años y más está aumentando sostenidamente en todos los países de América Latina y el Caribe. Advierten que para 2025 habrá 57 millones de adultos mayores, adicionales a los 41 millones registrados en 2000, y mencionan que entre 2025 y 2050, este incremento será de 86 millones de personas.
Este aumento de la población de adultos mayores, ha despertado el interés en los investigadores por identificar los factores que pueden garantizar un envejecimiento saludable. Uno de estos factores clave es el estado nutricional, pues a través de la alimentación, se obtienen los nutrientes necesarios para realizar las funciones vitales de la manera correcta durante mayor tiempo.
Alimentación balanceada y correcta hidratación
Procurar una alimentación balanceada en todas las etapas de la vida, es un hábito saludable que no debe olvidarse. Para ello, hay que velar porque se consuman las cantidades adecuadas de alimentos de todos los grupos, tomando en cuenta los requerimientos nutricionales particulares.
Alfredo Matos, nutricionista de Panamá, advierte que algunos cambios externos que se pueden evidenciar durante la tercera edad, también interfieren en el estado nutricional. La disminución de los recursos económicos por el cese de las actividades laborales, el abandono de los familiares, tener que comer solos, e incluso en algunas oportunidades, el hecho de no poder cocinar su propia comida, son factores que intervienen en la desmejora de la nutrición en esta etapa de la vida.
Por otro lado, los cambios fisiológicos también ponen en riesgo la alimentación balanceada. Estos cambios pueden notarse en la pérdida progresiva de las piezas dentales, la disminución del apetito y gran pérdida de la masa muscular y la masa ósea, lo que causa debilidad física.
Matos señala que es muy importante la ingesta de proteínas, porque son fundamentales para mantener la formación de masa muscular en el cuerpo. Por otro lado, es necesario el consumo diario de las sustancias antioxidantes provenientes de las frutas y vegetales, para controlar los daños en las estructuras celulares, que se intensifica en esta etapa de la vida.
Además, mantener una correcta hidratación resulta esencial para mantener un buen estado de salud, pues contribuye con el buen funcionamiento celular y aleja la fatiga. Ante la presencia de insuficiente cantidad de agua en el organismo se presenta la deshidratación que puede provocar caídas, infección del tracto urinario, enfermedad dental, trastornos broncopulmonares, cálculos renales, constipación y deterioro de la función cognitiva.
Incentivar la actividad física
El hábito de la práctica de actividad física debe inculcarse desde tempranas edades y conservarse durante toda la vida, a menos que alguna indicación médica la restrinja. El ejercicio en la tercera edad es vital para la prevención de enfermedades degenerativas, por ello, pueden practicarse actividades aeróbicas de bajo impacto como caminar, nadar, bailar o andar en bicicleta.
Los principales beneficios evidenciados científicamente de la actividad física regular para los adultos mayores son el aumento de la masa muscular, la fuerza muscular, la flexibilidad y la densidad ósea, así como el aumento del volumen sistólico, la ventilación pulmonar, la disminución de la frecuencia cardíaca, presión arterial y el mejoramiento del perfil de lípidos. Además, la práctica frecuente de actividad física mejora la autoestima, disminuye el stress, la ansiedad, el insomnio y mejora de las funciones cognitivas y la socialización.
Con información de Nota de prensa Grupo Proa Comunicaciones – Equipo A Tu Salud Web