Caracas.- Las cifras lo dicen: según una encuesta reciente, el 24 por ciento de las latinoamericanas ganan más que su pareja.
Una ejecutiva top que decide hacer un particular trato con su ex marido, un locutor de radio que acaba de ser despedido de su trabajo: mantenerlo a cambio de que se convierta en un padre 24/7, se quede a cargo de la casa y de sus hijas mientras ella debe viajar por el mundo por su empleo.
Y es que una de cada cuatro mujeres mantiene su casa, y no todas responden al perfil de la jefa de hogar sola, separada o madre soltera. Quienes están engrosando estas cifras son mujeres profesionales emparejadas. Y cómo no, si hoy están ocupando el 51 por ciento de las vacantes universitarias. Tanto, que los expertos laborales vaticinan que en un futuro, si se mejoran las condiciones de trabajo para las mujeres, la fuerza laboral femenina debería llegar a un 70 por ciento.
Las mujeres han logrado el poder y han ganado espacios en el trabajo, aunque la brecha salarial se sigue manteniendo. Sin embargo, conseguir acuerdos como el arriba descrito con su marido, o cualquier arreglo de pareja que implique un intercambio de roles así de evidente, parece aún ser parte de los guiones de teleserie más que de la realidad.
El psicólogo Roberto Celedón se ha especializado en temas de masculinidad, participando de diversas investigaciones que describen cómo los hombres se han ido acomodando a los cambios femeninos. Y sus resultados confirman lo sabido: que el avance de las mujeres en lo laboral no ha tenido un correlato masculino en lo doméstico. Aunque los hombres -dice el especialista- han tratado de contrarrestar esta pérdida de poder en el trabajo convirtiéndose en padres más presentes.
Investigaciones lo comprueban
-Me tocó participar en una investigación con hombres que, siendo exitosos, tenían mujeres aún más exitosas que ellos. Éstos decían que cuando su mujer salía de viaje era ella quien debía preocuparse de dejar todo organizado en la casa para que las cosas salieran bien durante su ausencia. Que fuera más exitosa o ganara más no implicaba que él tomara mayor iniciativa o co-rresponsabilidad en las tareas domésticas. Estos hombres se sienten menoscabados por el poder de su mujer, pero lo suplen con la paternidad. Ser buen padre les da prestigio entre sus pares.
Que los hombres se hayan comprometido con la paternidad es uno de los logros del poder femenino. Pero los hombres se sienten amenazados. Muchos de ellos, en distintos estudios, confiesan sentirse aliviados porque ya no se sienten con la pesada carga de ser el "proveedor", dice el psicólogo Francisco Aguayo, especialista en Masculinidad y Género. Sin embargo, en este camino no han acompañado a sus mujeres: ellas todavía están sobresaturadas en las responsabilidades en la crianza y el hogar.
-Hay un grupo pequeño de hombres que se ha adaptado bien. A pesar de que hoy existen cada vez parejas más simétricas, los hombres viven con mucho temor de confesar eso abiertamente, porque amenaza la autoridad tradicional. En el discurso público, ellos proyectan una realidad que no es la de sus casas -dice el investigador. Hoy en día aproximadamente el 37 por ciento de los hombres reconoce que sus mujeres ganan igual o más que ellos. Y sólo un cuatro por ciento dice participar en las tareas domésticas.
-Hay un grupo de hombres que se siente incómodo. Tanto, que incluso hay muchas mujeres que les pasan el dinero a sus maridos para que ellos lo administren, asegura el experto.
La lista de ejemplos es larga:
-Una mujer con poder es una mujer que molesta. Y es descalificada por tomar ciertas decisiones -reconoce el psicólogo Roberto Celedón-. La igualdad entre hombres y mujeres es ansiada por ellas, pero no por los hombres.
En los países nórdicos -ejemplifica el psicólogo -, íconos de las políticas de igualdad de género, la carga del trabajo doméstico todavía recae en un 60 por ciento en las mujeres. Ni en esos lugares se ha logrado simetría. A las mujeres se les sigue pagando menos que a los hombres, agrega la socióloga Teresa Valdés.
-Nuestra sociedad no genera un ambiente cultural favorable para que los hombres se den cuenta de que ser hombre es algo más que ganar plata, algo más que tener autoridad y mandar, y algo más que decir: yo me la puedo. Se puede ser el mejor hombre del mundo sin tener la sartén por el mango. Pero la cultura ha puesto el valor del hombre en el poder.
Revolución silenciosa
Hace dos años, Eleanor Mills, ensayista del Sunday Times, recorrió varias partes de Inglaterra observando cómo los hombres asumían en el día a día el poder femenino
Ellos estaban construyendo lo que Mills llamaba "la revolución silenciosa". Silenciosa, porque hay muchos hombres que están construyendo una nueva forma de ser hombres, menos proveedores y más pares de sus mujeres. Pero lo hacen de la puerta de su casa para adentro, porque saben que, si lo cuentan, serán juzgados.