Ciudad Guayana.- Pesquisas del buró contra Homicidio del Cicpc, mediante una rápida y efectiva investigación, lograron determinar que Zafiro Carbely Mata Medina de 14 años de edad no perdió la vida ahogada en una tina en el baño de su residencia, sino que fue víctima de violencia sexual, estrangulada y posteriormente escondida en la bañera. Este lamentable y alarmante suceso ocurrió la tarde del martes en el Bloque 09-04 de Ventuari.
Tras analizar el escenario de muerte, colectar elementos de interés criminalístico e interrogar a varios testigos que vieron entrar y salir a los implicados, funcionarios del Cicpc-Guayana concretaron la captura de Tomás Eduardo Campos Belisario y Yosman Enmanuel Blanco Herrera.
Tomas Campos era allegado a la familia, prácticamente creció junto a la víctima y es por este motivo que vecinos aportan datos precisos de sus características físicas y proceden a la detención, efectuada en Puerto Ordaz, entre la noche del martes y la madrugada del miércoles. Se informó que por la confianza y los años de amistad Tomás hasta tenía llaves del apartamento.
Concurso de delitos
Autoridades en tiempo récord armaron el rompecabezas y esclarecieron policialmente lo que en el argot policial es denominado concurso de delito, pues de un simple hurto transcendió a un crimen. Según lo anunciado, los sujetos ingresaron al apartamento con intenciones de hurtar pero al ser sorprendidos por la joven la violentan sexualmente, la estrangulan y la meten en la bañera.
Versiones indican que la intención de los homicidas era simular que la joven sufrió una broncoaspiración o embolia mientras se bañaba en la tina.
Sin embargo, investigaciones preliminares desviaron el objetivo criminal. Mediante las pesquisas, expertos determinaron que la tina nunca era usada por la familia, puesto que había problemas con las tuberías de agua. Establecieron que los sujetos la llenaron cargando agua en “tobos”. Igualmente, el trabajo detectivesco apuntó que el nivel de agua era muy bajo para que la adolescente muriera por inmersión.
El homicidio
Zafiro Carbely, única hembra, menor de tres hermanos y estudiante del Colegio Nuestra Señora de Lourdes, llegó poco después de la 1:00 de la tarde al apartamento 08 del Bloque 09-04, donde residía junto a sus dos hermanos y padres.
Luego de comer decidió reposar un rato. En ese momento sólo estaba ella en el apartamento, pues el resto de la familia estaba fuera, en sus actividades diarias.
Todo estaba en silencio cuando Tomás Eduardo con llave en mano, irrumpió en el apartamento. Entró de manera sigilosa y tras verificar que efectivamente en la residencia no había nadie, llamó al compinche Yosman Enmanuel y con el claro objeto de hurtar las pertenencias de la familia, iniciaron la revisión.
Durante la acción delictiva, Zafiro Carbely se despertó y al salir al área de la sala se topó con los individuos. Intentó preguntarles qué hacían en el lugar y fue cuando los sujetos bajo amenaza de muerte la dominaron, satisfacieron sus más bajos instintos sexuales, la estrangularon y luego la ocultaron en la bañera del sanitario situado en el área de lavandería.
Pensando que perpetraban el crimen perfecto, huyeron como si nada. A los pocos minutos arribó el hermano de Zafiro Carbely y al notar que la puerta del apartamento estaba abierta dedujo que algo andaba mal.
Inmediatamente buscó a la hermana. El joven pensaba que había salido pero al preguntarle a los vecinos y recibir respuestas negativas sobre el paradero, se le ocurrió abrir la puerta del baño y fue cuando localizó el cuerpo de la adolescente.
El mayor de los hermanos, pensando que Zafiro aún estaba con vida solicitó a un vecino que la trasladara a la clínica Ceciamb pero el esfuerzo fue infructuoso, ya no había nada que hacer, la jovencita no tenía signos vitales.
Inicialmente el hecho fue manejado como una muerte accidental, no fue sino hasta el desarrollo de las investigaciones cuando se determinó la causa real del homicidio y se demostró con hechos que los crímenes perfectos no existen y que entre cielo y Cicpc “no hay nada oculto”.
Profundo dolor
Familiares no sólo afrontaron la pérdida de su ser querido, les causó un profundo dolor el hecho de enterarse que el criminal fue la misma persona a quien le brindaron confianza y al considerarlo como parte de la familia le abrieron las puertas de su casa.
Estos jovencitos no sólo mataron a una adolescente llena de vida, causaron un daño a una familia y sin pensar en las consecuencias arrastraron a sus propios parientes a vivir el horror de tener hijos encarcelados por cometer un asesinato.
Ambos, a partir de este momento, afrontarán un proceso judicial por los cargos vinculados a hurto, abuso sexual y muerte.