Carlos Dickson Pérez
Por estos días se cumplen 5 años de la realización de la Copa América 2007 en Venezuela. Después de los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983, ha sido sin duda el evento deportivo más importante realizado en el país. Siendo justos, por la dimensión de la inversión y las consecuencias que derivaron de ambos montajes, el torneo futbolístico es el más trascendente de todos los tiempos.
El impacto de la justa polideportiva se resumió a obras en la capital de la Republica, infraestructura que dejó fuera del plan el gran estadio para Caracas, que nunca pudo ser el replanteado “Brígido Iriarte”. Los estadios y el gimnasio universitarios de la UCV, excelsa concepción del genio Carlos Raúl Villanueva, fueron remozados, se construyó el Gimnasio del Parque Miranda, el Complejo Naciones Unidas en el convulsionado urbanismo de El Paraíso y se edificó el mayor centro de bowling de Suramérica en Mampote.
En los años posteriores a los Panamericanos, el deporte venezolano, a nivel de la subregión, siguió teniendo alguna primacía pero lejos de potencias continentales como Estados Unidos y Cuba, y un poco menos distante de Brasil, Canadá y México. El relanzamiento deportivo, por ejemplo, de España después de las Olimpíadas de Barcelona en 1992, es una buena demostración de la continuidad y el seguimiento que pueden desarrollarse cuando los dirigentes y los gobiernos se ponen de acuerdo para trazar políticas deportivas de alto vuelo.
A un lustro de aquel convocante festival futbolístico, queda la herencia de colosales nuevos escenarios y remodelaciones mayores que dejaron sembrado al país de la infraestructura más moderna -aunque casi todas inconclusas como proyectos-, con la que pueda contar nación alguna en Suramérica. Esa generosidad de recursos oficiales para construir y el modelo organizativo y logístico, quedó como paradigma avalado por la autoridad de Conmebol. Lo que vimos después en Argentina 2011, debemos hacernos sentir más que orgullosos de lo que fuimos capaces.
Hoy esas obras, concebidas la mayoría como estadios multiuso, con espacios comerciales y atractivos por doquier, siguen funcionando igual que los viejos estadios de manera utilitaria para la práctica del fútbol y una que otra vez con los cuestionados espectáculos artísticos que olvidamos estaban definidos en su concepción original en los planes de autogestión. Los problemas para su mantenimiento se ciernen como una amenaza y ya se han visto las costuras de las urgencias para entregarlos contra reloj.
Aunque en el terreno deportivo, pudimos alcanzar por primera vez, la segunda fase de la mano de Richard Páez, esta actuación fue abono para la mejoría experimentada en eventos posteriores con la batuta de Farías y un cada vez más irrestricto apoyo federativo. La localía contribuyó en gran medida a la primera clasificación a un Mundial con la Sub-20.
En el plano de los clubes, cierto es que se ha profesionalizado mucho más a los futbolistas, aunque estas intenciones no han alcanzado para concebir verdaderos clubes, con criterio empresarial que trascienda más allá de montar equipos y cumplir la agenda del torneo.
El confort y la nueva estética de los estadios, puede llamar a confusión cuando el público repleta los escaños en Ciudad Guayana, Barquisimeto y Caracas, dando la impresión de estar en cualquier partido del más alto nivel de Europa. Todavía en Maturín siguen sin ver llenar al exageradamente grande Monumental en partidos locales, igual que en Mérida, Barinas o Puerto La Cruz en la zafra doméstica o en las intervenciones internacionales de sus equipos.
A nosotros se nos ocurrió por aquellos días de la encantadora mascota Guaky, un gruesa revista con pretensión de libro que recogiera la semblanza de atletas, dirigentes, políticos y el testimonio de comunicadores , que habían dejado su impronta en el viejo recinto de Castillito, que dio paso al majestuoso CTE Cachamay.
Hoy la reviso y siento que ese documento incompleto pero impostergable y válido, es un pequeño homenaje a quienes construyeron con uñas y dientes la realidad deportiva del estadio y del estado. El inefable Enio Forero me ofreció sus fotos más curiosas. “Protagonistas Cachamay” ha sido reeditado y está en el kiosco de la carrera Upata.
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