Julio César Navarro
Qué tal amigos, bienvenidos a la columna número 164 de Adrenalina Pura. CARTAS ECHADAS.- Pasado mañana se abre el telón de los Juegos Olímpicos de Londres. Tiempo oportuno para recordar leyendas venezolanas que marcaron pauta en el deporte venezolano. Asnoldo Devonish fue uno de esos atletas tocados por la varita mágica reservada para quienes dejan huellas imborrables en los campos deportivos. Antier se cumplió 60 años de la hazaña que el zuliano cumplió en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 al lograr medalla de bronce en salto triple con marca de 15,52 metros, escoltando al brasilero Adheimar Ferreira Da Silva, campeón del evento y al soviético Leonid Scherbakov. Lo mejor de la gesta olímpica fue que el pupilo del entrenador Ladislao Lazar pegó semejante brinco aquejado de una lesión que estuvo a punto de dejarlo fuera de competencia, a no ser por la actitud valiente de su trainner que se la jugó con él al manifestarle a la cúpula dirigencial de Venezuela que si Asnoldo no viajaba con el equipo, el resto del combinado patrio tampoco lo haría, allí estaba entre otros, Brígido Iriarte. Lo cierto es que la performance del también saltador de largo le tapó la boca a la plana mayor del país en Finlandia. Traemos esta historia a colación, porque además de la importancia de recordar las proezas de nuestros deportistas, es pertinente embadurnar de esos recuerdos llenos de mística a quienes tienen hoy la responsabilidad de representarnos en el Reino Unido. El atletismo venezolano va a Londres con 13 deportistas, la misma cantidad del ciclismo y con el reconocimiento de parte del país entero de la superación que ha experimentado. De manera que recordar a Devonish como el atleta que dio a Venezuela la primera medalla olímpica, sugiere la necesidad de emular a esos héroes, que sueñan desde donde estén por que aparezcan nuevos valores en el concierto deportivo de Venezuela. MUCHO CUIDADO.- Cuando las autoridades deportivas del país, privadas y públicas, entiéndase Ministerio y COV, señalan las consideraciones respectivas en torno a los resultados de nuestros atletas en Inglaterra, hay que escuchar y leer con detenimiento. Es preocupante que se hable, quizás con el mismo interés, de medallas olímpicas y diploma olímpico. En la anterior columna hablé sobre esta “premiación” que no debe tener punto de comparación y mucho menos tratar de acuñarle un valor más allá del reconocimiento del COI a una actuación decorosa. La obtención de medallas desde siempre ha sido el termómetro para medir la calidad del deporte de todos los países del globo terráqueo. Por lo menos en lo que se refiere a deporte de alto rendimiento. El de masificación es harina de otro costal. De manera que me hace ruido las expresiones frecuentes de dirigentes que proyectan no se cuantos diplomas olímpicos. Si nuestros atletas quedan en los ocho finalistas, chévere, siempre y cuando su marca anterior sea superada, pero de ahí a darle la grandilocuencia que no tiene, me parece tratar de justificar lo injustificable. Hay que salir a buscar las medallas, del color que sea, pero medalla al fin. El sábado le tocará el turno a la primera de los 69 que viajaron en busca de la gloria. La esgrimista zuliana Johana Fuenmayor, en florete, será la primera en saltar a la arena londinense. La guayanesa María Gabriela Martínez lo hará el lunes 30. Por hoy se nos acabó el espacio. Nos encontramos el próximo miércoles. Para su comunicación con nosotros no dude en usar el siguiente correo: julionavarro2009@gmail.com
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